sábado, 20 de diciembre de 2014

Artista y espectador; dos mundos no tan aparte.

         Con el tiempo me he ido preguntando cómo habría de constituirse una mirada nacional del espectador promedio de arte chileno. Cuál es la línea de pensamiento que lleva a los espectadores promedios a catalogar una obra como buena, mala, interesante, insípida, o incluso, de escribir en los libros de comentarios; Esto lo hace mi hijo, o que wea más fome. Me he cuestionado la manera en que el artista chileno construye su trabajo, de qué manera lo expone, qué soluciones formales utiliza y qué criterios de montaje cree más prudentes para su obra. Me pregunto así mismo, si estas decisiones son tomadas en cuenta por los espectadores promedio. Existen pugnas entre el arte formal que se encuentra al interior de los cubos blancos; espacios expositivos totalmente limpios, pulcros. Espacios hospitalarios, según Olafur Eliasson como reflejo de la cal; bactericida de la antigüedad de color blanco. El arte callejero por el contrario se encuentra en relación con el entorno donde está expuesto; sigue las lógicas de una construcción urbana, sigue las líneas ilógicas de crecimiento citadino, de desencuentros y desarmonías entre construcciones y decisiones que infectan los paisajes urbanos. Estos actos de arte, a pesar de encontrarse rodeados de ruido, funcionan. Son, dentro de sus reglas, efectivos.
Me atrevo a decir lo simple que es tomar decisiones formales al interior del cubo blanco, es simple equilibrar el tema y la intención de la obra en un espacio limpio sin restricciones visuales, donde el agente extraño es la obra. Si la intención es crear una obra imponente y busco hablar de la inmensidad y evocar una sensación de insignificancia en el espectador, la solución es simple; busco el ligar expositivo más pequeño posible para evocar estas sensaciones. Controlar la obra es simple, controlar el discurso y las decisiones formales de la obra no es algo que se escape de las manos con una buena organización. No obstante ¿son estas decisiones visibles a simple vista para el espectador promedio? ¿cómo se aproxima una persona no-docta en la trayectoria y evolución de la historia del arte con una obra, una pintura o unas escultura? ¿qué pensaría esta persona no-docta al ver una muestra de fotografía con imágenes ordinarias, comunes y simples, fotos que pudo haber sacado hasta ella misma?  Claro está que aproximar las artes visuales al espectador promedio no es simple, entonces qué es lo que hace el artista visual chileno con esta crisis de comunicación y comprensión entre su obra y su espectador ¿para quién produce arte? Tampoco es prudente dejar todo en manos del espectador en un país donde la educación artística es deficiente. Tampoco sería inteligente abordar este tema desde una interpelación únicamente al artista.
            Existe un problema mucho mayor. Existe un problema que escapa de una mediación entre obra y espectador, existe un problema de concepto, de ideas y expectativas. Las personas hoy en día están acostumbradas a recibir toda la información en bandeja, las redes permiten esta descriteriada corriente de información, no es que piense que aquello está mal; sino que concuerdo con el noema clásico de la era contemporánea y su sobreproducción de dispositivos ‘a pesar de la cantidad de redes informativas, existe menos conocimiento’. Creo que la aproximación de los espectadores está sesgada por una vaga noción sobre aquello que comprenden (o que creen comprender) como arte. Cuando asisten al museo, existe una clásica opinión sobre una obra que conceden como ‘mala’; esta wea la pudo haber hecho mi hijo. Cuando el problema no está en que la obra esté mala, sino en la expectativa que esa persona tiene cuando se hace el ánimo de asistir a una exposición; el espectador quiere asombrarse, quiere vislumbrarse, maravillarse por una obra que hable de la persistencia, del virtuosismo técnico, de la belleza de dicha obra. ¿Comprenderán que todo ese virtuosismo quedó bajo tierra con la llegada de la era industrial y la inminente explotación de nuevos dispositivos técnicos que reproducían de forma más fiel la realidad? Desde luego que no. Las personas asisten al museo con una idea prefabricada de ver algo que sea imposible que hayan hecho ellos. El problema de fondo no está en que ellos no pudiese ser capaces de hacerlo, su error no radica en la expectativa per se. Radica más bien en que dan por hecho algo que nadie ha establecido; tú no puedes hacer esto. Dan por hecho que el museo es un espacio de estricta formalidad que acredita la calidad de la obra del artista. El museo no hace a la obra, la trayectoria de obras que pasan por un determinado espacio expositito CREAN la imagen de la galería o de ese museo. Es la trayectoria la que hace al espacio expositivo, no el espacio expositivo a la obra.  Nadie ha dicho jamás que ellos no sean capaces de hacer lo que el artista hizo, si usted cree poder hacerlo mejor ¡hagalo! ¡bienvenido sea su creación, sería formidable si por cada decepción de un espectador haya un nuevo potencial artista o artesano! ¡que esa indignación sea motor de creación autónoma! Pero nadie ha salido de su sitio de comodidad, nadie va más allá de la vaga crítica –que por cierto está fundada en cuestiones de gusto, lo cual no es ni bueno ni malo- Que el artista exponga en el Museo de Bellas Artes no establece una distancia divina entre su capacidad de crear y la del espectador. Esto es falso, esto es una imagen autodestructiva de la noción que se tiene sobre arte en nuestro país (quizá no solo en nuestro país, quién sabe) Toda persona puede ser artista, cualquiera puede crear, el artista que expone en un museo puede venir de cualquier parte, no de una pedigrí ni una elite, al menos no hoy en día, no en el Chile de hoy. El problema está en que no cualquiera puede dedicarse 24 horas, 7 días a la semana, 12 meses al año a ser artista. A ser un intermediario entre la imaginación y la creación a tiempo completo. Ahí está el problema. Juzgar una obra por la facilidad de su factura es un análisis mediocre y un insulto al artista. El espectador independiente del mundo al que pertenezca, si es que siente interés por las artes, debe aprender, puede leer al menos el catálogo de la obra o puede leer sobre el artista cuya obra irá a visitar. La información abunda; el espectador debe exigirle al artista la accesibilidad a su obra, el artista es el medio para comprender su obra, debe estar dispuesto a que comprendamos, así como el espectador debe estar dispuesto a aprender. El arte no viene en bandeja  de plata como la televisión. Ambos mundos debemos comprender lo que el otro espera. Yo espero que comprendas, tu esperas que te explique, no que te entretenga.
Siempre podemos lograr un equilibrio entre ambos mundos, debe estar la voluntad y dejar las expectativas y la arrogancia de lado. Hablar desde la simpleza. El artista debe volver a la esencia del lenguaje, a la raíz del sentido y evocar al espectador de la manera más directa. El espectador debe estar dispuesto a escuchar, dispuesto a buscar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario